Fecalismo al aire libre
Imagen: Pixabay

El fecalismo al aire libre, sea de origen humano o animal, es una grave fuente de contaminación y enfermedades. Origina peligrosos problemas de salud en la población mundial.

No solo causa padecimientos gastrointestinales, suele afectar otros órganos como lo veremos a continuación.

Origen del problema.

Inicialmente, se abordaba el fecalismo al aire libre al referirse a la actividad humana de defecar en las calles. Mucha gente sin hogar defeca en ambientes públicos dejando abandonado el excremento. Posteriormente, se incluyó en esta fuente contaminante a las mascotas. Desafortunadamente, propietarios de todos los estratos sociales, no se hacen responsables de los desechos cuando sacan a pasear a su perro, o los dejan deambular libremente por el entorno. Definitivamente, es un aspecto que involucra el civismo que debemos practicar al compartir un hábitat público.

El fecalismo al aire libre afecta a la salud.

Es evidente la molestia que genera encontrar las heces fecales de un perro en la banqueta. No solo por el aspecto que da y el mal olor que puede generar. Hasta accidentes puede provocar al generar que un peatón se resbale. Aunque siendo realistas, lo descrito anteriormente es un problema muy particular.

Lo realmente grave, es cuando las heces fecales se secan por el impacto de los rayos solares, se pulverizan y el aire levanta y transporta “el polvo fecal”. Estos desechos, comenzaran a causar trastornos considerados como zoonosis (enfermedades transmitidas por los animales al humano). Se cuentan 33 diferentes padecimientos.

  • Al tener contacto con los ojos, pueden causar conjuntivitis infecciosas.
  • Cuando se respira aire contaminado con materia fecal, primero existe la posibilidad de irritar y afectar las mucosas respiratorias. Y el siguiente paso obvio, es que, al deglutir, ese contaminante pasa al aparato digestivo, donde también facilitará infinidad de trastornos parasitarios, virales, bacterianos y micóticos.
  • Al tener contacto con la piel, existe la posibilidad de generar dermatitis alérgicas, bacterianas, micóticas y parasitarias. Pensemos en el riesgo que corren los niños al jugar en los jardines públicos, ya sea al entrar en contacto directo con el excremento o a través de una pelota y sus juguetes. Un niño se lleva las manos a la cara y la boca infinidad de veces.
  • No olvidemos también que llegará a contaminar agua y alimentos cercanos, así como favorecer la proliferación de fauna nociva: moscas, ratones, etc.

Graves riesgos ignorados.

Controlar el fecalismo humano es complicado, pero disminuir el fecalismo de las mascotas puede ser una meta realizable, al menos cuidando la población de perros con propietario. Se calcula que un perro de tamaño mediano (25 a 30 kg) defeca 600 gr diarios, esto equivale a 18 kg al mes. Proporcionalmente el excremento de perro es el más abundante en las zonas urbanas.

Según el censo del 2016 (INEGI) la población de perros en la república mexicana era de 19.5 millones de perros. Se calcula que solo el 30% de ellos tienen hogar. En la actualidad se dice que ya se sobrepasa los 25 millones de perros.

Lo que es un hecho, es que la población de animales callejeros se concentra más en unas áreas y en otras se encuentra controlada. Hay gobiernos locales que si hacen su trabajo y también hay propietarios que actúan con responsabilidad.

No todo está perdido.

Podemos concluir que el reto es mayor al conocer el número de perros sin dueño. La tenencia de una mascota requiere de responsabilidad. En la actualidad se insiste en la esterilización de las mascotas para favorecer el control poblacional, y si, es una forma de hacerlo. Desde mi punto de vista, se requieren campañas de educación y conciencia a la población para evitar los dos problemas: la reproducción descontrolada y las consecuencias del fecalismo callejero.

Existen reglamentos con sanciones para quien abandona las heces de su perro en la vía pública. Desafortunadamente no hay forma de cuidar y castigar a cada propietario irresponsable. Depende del civismo y educación de la población.

Existen depósitos disponibles para las heces fecales de los perros. Si no lo encuentras, consérvala y elimínala en tu casa (Imagen: Pixabay)

Manejo de las heces.

  • Siempre que saquemos a pasear a la mascota, debemos de llevar bolsas para recoger los excrementos. Procurar una vez que la recogiste, depositarla en un contenedor de basura. Si no hay uno cercano, guárdala y tírala en la basura de tu casa.
  • Es recomendable usar bolsas biodegradables. Si no las tenemos a mano y usamos bolsas plásticas, no cerrarlas en su totalidad para que la materia fecal se pueda degradar.
  • Otra opción es arrojarlas al drenaje. Solo considera el agua que se utiliza cuando se tira la cadena del escusado. En ocasiones, no se justifica si se trata del excremento de una mascota pequeña.
  • Si llevamos a nuestro perro al parque o jardín público, procura no permitir que defeque en las zonas donde juegan los niños. Podemos buscar las zonas cercadas que son exclusivas para el uso y esparcimiento de los perros. Y siempre recoge y deposita las heces de tu perro en el lugar adecuado.

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