Lo mejor que puedes hacer por tu perro
Imagen: Pixabay

Hoy quiero referirme a lo mejor que puedes hacer por tu perro, ya que desafortunadamente, en muchas ocasiones por ignorancia o comodidad, cometemos errores que pueden afectar su conducta y salud.

Es importante considerar que el perro al ser de una especie distinta, tiende a adaptarse a nuestra forma de vida, pero gran parte de las veces, no es la forma natural como él actuaría.

1. El valor de una correcta socialización.

La socialización es un proceso de aprendizaje, en el que los cachorros se acostumbran a convivir con diferentes personas, animales y ambientes. Debe de iniciar cuando muy tarde a las tres semanas de edad y exponerlo a diferentes estímulos. Conviene incluir todos los sentidos del perro, presentándolo a imágenes, sonidos, olores y superficies variadas.

La socialización le permite mantener su comodidad en situaciones nuevas y comportarse apropiadamente. Cuando no hay una adecuada socialización, manifiestan respuestas operadas por el miedo y la ansiedad dando como resultado problemas de comportamiento.

El proceso de socialización es muy importante para la salud mental del perro y prevenir miedos y ansiedad (imagenes: Pixabay).

2. El entrenamiento, una inversión.

Muy pocos propietarios dan la importancia que merece el entrenamiento. Los problemas de conducta o comportamiento son la principal causa por la que un perro es abandonado. Y, este tipo de perro, difícilmente encontrará un nuevo hogar, terminando su vida mediante la eutanasia.

Se debe diferenciar entre educación y entrenamiento. Siempre hago la comparación con nuestros hijos, la educación es la que les damos en casa, pero el entrenamiento tiene que ser dado por un profesional, como cuando los niños asisten a la escuela. Son temas muy diferentes.

El entrenamiento siempre debe de ser con refuerzos positivos y no a base de castigos. El entrenador iniciará cuando consideré que el cachorro es lo suficientemente maduro para este trabajo, pero se puede comenzar con ciertos ejercicios desde las ocho semanas de edad.

3. Acostumbrarlo a que permita manipular cada parte de su cuerpo.

Lo mejor que puedes hacer por tu perro, es prepararlo para que permita la manipulación de cualquier parte de su cuerpo. Es un entrenamiento muy importante cuando se trata de cortarle las uñas, limpiarle los dientes, o palpar la superficie corporal. Muchos perros no permiten el arreglo de las uñas debido a que de pequeños no se les capacitó para este sencillo manejo.

El perro debe de sentirse cómodo y permitir el examen por parte del médico veterinario, el corte de pelo con el estilista canino y la misma limpieza dental diaria realizada por su propietario. Debe de sentir confianza cuando cualquier ser humano lo manipula.

4. Nunca castigar una conducta que tú consideras un error.

Primordialmente, evitar gritarle o ejercer un castigo físico. Siempre tener presente que lo que para nosotros es un error, para ellos puede ser una conducta normal, propia de su especie (y no de la nuestra).

Un ejemplo es cuando pretendemos entrenarlos para orinar y defecar en el área que nosotros hemos designado. Accidentes habrá muchos, es el momento de aplicar constancia y paciencia… igual que cuando enseñamos a nuestros bebés a dejar el pañal, creo que nunca responderíamos con agresividad.

5. El uso de la transportadora en casa, utilidad o castigo.

El tener a un perro entrenado para permanecer en una transportadora tiene muchas ventajas. Es la forma más segura de transportarlo en el automóvil, es la única manera como podrá viajar en avión y será de gran utilidad cuando requerimos contener al perro para cualquier maniobra en casa.

Los perros por naturaleza pueden buscar lugares similares a una madriguera para descansar. No obstante, pretender introducir a un perro a una transportadora cuando nunca lo ha hecho, puede ser traumático y no será fácil. Sin embargo, cuando se le ha entrenado para utilizarla, el mismo la buscará para descansar y permanecer en un ambiente tranquilo. La puerta no necesariamente estará cerrada, solo se cierra cuando se requiere.

6. Elegir el collar, pechera o correa correctos marcan la diferencia.

Los llamados collares de castigo, lesionan fácilmente estructuras del cuello de un perro. Cuando un perro jala o es jalado por su propietario, puede lastimarse la tráquea, la tiroides y hasta las vértebras cervicales. Todo ello con graves consecuencias. Lo mejor es utilizar una pechera y para que ésta funcione adecuadamente, darle un entrenamiento básico al perro para evitar que “él nos saque a pasear”. Situación muy incómoda y que también puede terminar en un accidente.

En el caso de la correa, en mi opinión, las de piel son las más resistentes y duraderas si se les cuida apropiadamente. El largo promedio adecuado es de 2 metros y puede ser un poco más larga cuando el perro no está caminando sobre una banqueta y pueda molestar a otros peatones.

7. Proporciónale tiempo de calidad.

Si se trata de salir de paseo, permítele que él lleve el ritmo.  No quiero decir que él te arrastre, al contrario, deja que tenga la posibilidad de olfatear el entorno.  Recuerda que a diferencia de nosotros que somos seres visuales, ellos son individuos que basan sus experiencias en el olfato.

Si vas a jugar con él, no te distraigas. Realmente participa en el juego con tu perro, es su momento.

8. Ejercítalo, su naturaleza es mantenerse activo.

El ejercicio favorece la salud física y mental. Un perro activo difícilmente padece de sobrepeso u obesidad. Al igual que en los seres humanos, mantenerse en acción, elimina el estrés, activa el metabolismo y favorece el volumen muscular.

Se ha comprobado que los hábitos saludables del dueño benefician a su perro, así como en muchos casos, el tener un perro favorece la salud y longevidad de sus propietarios. Es común encontrar que un perro con sobrepeso, tiene un tutor con obesidad. Nuestros hábitos pueden dañar a nuestros perros. Un perro debe de ejercitarse (al igual que un ser humano), mínimo 20 minutos al día. Si este período se extiende, será de gran ventaja para ambos.

El ejercicio diario favorece la salud física y mental del perro, también aporta beneficios a su propietario (Imagen: Pixabay).

9. Cuida los dientes y las uñas de tu perro.

Con frecuencia, son dos de los temas que se descuidan. Igual que en los seres humanos, lo mejor que puedes hacer por tu perro es darles el mantenimiento adecuado para mantener su salud.

La dentadura debe de cepillarse diario para evitar la formación de placa. Si no se hace así, producirá sarro dental, siguiendo con gingivitis y luego la terrible enfermedad periodontal.  Es un camino seguro para padecer mal aliento, pérdida de piezas dentarias y otras graves enfermedades orgánicas. Esto es aún más importante en los perros de talla pequeña que con frecuencia se ven más afectados.

Las uñas regularmente se desgastan con el paseo diario. Sin embargo, los perros que no salen o caminan sobre superficies blandas no se benefician igual y requieren el corte periódico de las uñas. Particularmente para esta actividad, es importante lo expuesto en el punto 3, acostúmbralo a que permita la manipulación de cada parte de su cuerpo. Con muchos, es un desafío el corte de uñas ya que no toleran que les toquen o inmovilicen los miembros. Las uñas excesivamente largas causan dificultad para caminar o producen heridas cuando, principalmente en los dedos accesorios, estas crecen enroscándose y se clavan en la piel. Esto es una crueldad y te sorprenderías de confirmar la frecuencia con que vemos esto en la práctica diaria.

10. Practica el hábito de la prevención.

La medicina preventiva es la mejor manera para conservar la salud de nuestro perro y viéndolo desde otro punto, nos ahorra sufrimiento y gastos en servicio veterinario. Prevención es invertir, tener que solucionar es un gasto.

La medicina preventiva, así como incluye la vacunación y desparasitación, también considera las visitas programadas al médico veterinario. Si esperas presentarlo a consulta cuando ya manifiesta un problema, puede ser tarde para la solución de padecimientos cardiacos, renales, hepáticos, neoplásicos, etc.

Recuerda que un año para un perro, puede ser equivalente a 8 o 10 años en un ser humano.  En ese lapso pueden suceder muchas cosas. Las revisiones periódicas de salud (mínimo una vez al año), permiten mediante un examen físico y muchas veces apoyados con exámenes de laboratorio, evaluar la salud de un paciente. Máxime en un perro geronte, obeso o ya con una enfermedad diagnosticada.

Una salud deficiente merma la calidad de vida de cualquier ser vivo. Considera que los perros no avisan que algo anda mal, debemos ser proactivos y responsables con ellos.

¿Deseas recibir nuestros artículos en tu correo?

close

¿Deseas recibir nuestros artículos en tu correo?